domingo, 2 de noviembre de 2008

Danny, el campeón del Mundo (Fragmento)

[...]-Los mejores medios de cazar faisanes furtivamente los descubrió mi padre. Mi padre estudió la caza furtiva del mismo modo que un científico estudia la ciencia.
Mi padres puso mis sandwiches en un plato y me lo trajo a la cama. Yo dejé el plato sobre mis piernas y empecé a comer. Estaba muerto de hambre.
-¿Sabes que mi padre tenía gallos en el patio de casa sólo para practicar?-dijo mi padre-. Un gallo es muy parecido a un faisán. Son igual de estúpidos y les gusta el mismo tipo de alimentos. El gallo es más doméstico, eso es todo. Así que cada vez que a mi padre se le ocurría un nuevo método para atrapar faisanes, lo probaba primero con un gallo para ver si daba resultado.
-¿Cuáles son los mejores medio? -pregunté.
Mi padre dejó un sadwich medio comer en el borde del fregadero y me miró en silencio durante unos veinte segundos.
-¿Me prometes que nunca se los dirás a nadie?
-Te lo prometo.
- Pues ya verás-dijo-.Este es el primer gran secreto. ¡Ah!, pero es más que un secreto. Danny, Es el más importante descubrimiento en toda la historia de la caza furtiva.
Se acercó un poquitín más a mi. Su cara estaba pálida bajo el pálido resplandor amarillo de la lámpara del techo, pero sus ojos brillaban como estrellas¨. [...]
-El método número uno-dijo en voz baja- se llama cebo de crin de caballo.
-El cebo de crin de caballo-murmuré.
-Eso es-dijo él- y el motivo de que sea un método tan estupendo es que es completamente silencioso. Con el cebo de crin de caballo no hay graznidos ni aleteos ni nada cuando atrapas al faisán. Y eso es sumamente importante, porque no lo olvides, Danny, que en esos bosques, de noche, donde los grandes bosques extienden sus ramas sobre tu cabeza como fantasmas negros, hay tanto silencio que puedes oír a un ratón moverse. Y en algún lugar, los guardas están esperando y escuchando. Están siempre allí, esos guardas, inmóviles contra un árbol o detrás de un arbusto, con las escopetas preparadas[...]
Danny, el campeón del Mundo
Roald Dahl

Género Lírico

Es el tipo de género donde el autor expresa sus sentimientos y pensamientos ya seqa de amor, amistad, religión, etc. Predomina la subjetividad del escritor y suele escribirse en versos, pero también existen en prosa.
Presenta diferentes especies:
  • La Oda
  • LA Elegía
  • La égloga
  • La Sátira

A continuación, les voy a presentar dos ejemplos del género Lírico. EL primero es una oda escrita por Horacio que se titula "Carpe Diem" y el segundo es el III poema de Píndaro. Espero que les gusten =)

"Carpe Diem" (Carminum, I, 11)

No pretendas saber, pues no está permitido,
el fin que a mí y a ti, Leucónoe,
nos tienen asignados los dioses,
ni consultes los números Babilónicos.
Mejor será aceptar lo que venga,
ya sean muchos los inviernos que Júpiter
te conceda, o sea éste el último,
el que ahora hace que el mar Tirreno
rompa contra los opuestos cantiles.
No seas loca, filtra tus vinos
y adapta al breve espacio de tu vida
una esperanza larga.
Mientras hablamos, huye el tiempo envidioso.
Vive el día de hoy. Captúralo.
No fíes del incierto mañana.
"Carpe Diem" (Carminum, I, 11)
Horacio

III Poema

Nunca pude imaginar que por un beso,
mi silencio se volviera poesía,
conocerte trastornó mi pensamiento,
y yo apenas lo creía.


Por un poco de tu amor.
Por un beso nada más,
por un roce de tu boca,
cualquier felicidad sería poca.

III Poema
Píndaro


Género Dramático

Es el tipo de género que se usa en el teatro. Tiene dos elementosprincipales: el diálogo y las acotaciones. Una característica fundamenta es la existencia de un conflicto.
-Presenta diferentes especies:
  • Tragedia
  • Comedia
  • Drama
A Continuación, les voy a presentar dos ejemplos de de género Dramático. El primero es una tragedia titulada Hamlet de William Shakespeare y la segunda tambien es una tragedia titulada Edipo Rey de Sófocles.

Hamlet

Personajes:

  • CLAUDIO, Rey de Dinamarca.
  • GERTRUDIS, Reina de Dinamarca.
  • HAMLET, Príncipe de Dinamarca
  • FORTIMBRÁS, Príncipe de Noruega
  • LA SOMBRA DEL REY HAMLET.
  • POLONIO, Sumiller de Corps.
  • OFELIA, hija de Polonio.
  • LAERTES, hijo.
  • HORACIO, amigo de Hamlet.
  • VOLTIMAN, cortesano.
  • CORNELIO, cortesano.
  • RICARDO, cortesano.
  • GUILLERMO, cortesano.
  • ENRIQUE, cortesano.
  • MARCELO, soldado.
  • BERNARDO, soldado.
  • FRANCISCO, soldado.
  • REYNALDO, criado de Polonio.
  • DOS EMBAJADORES de Inglaterra.
  • UN CURA.
  • UN CABALLERO.
  • UN CAPITÁN.
  • UN GUARDIA.
  • UN CRIADO.
  • DOS MARINEROS.
  • DOS SEPULTUREROS.
  • CUATRO CÓMICOS.

Acto I

Escena IV

(CLAUDIO, GERTRUDIS, HAMLET, POLONIO, LAERTES, Damas, Caballeros y acompañamiento.)

CLAUDIO.- Y tú, Laertes, ¿qué solicitas? Me has hablado de una pretensión, ¿no me dirás cuál sea? En cualquiera cosa justa que pidas al Rey de Dinamarca, no será vano el ruego. ¿Ni qué podrás pedirme que no sea más ofrecimiento mío, que demanda tuya? No es más adicto a la cabeza el corazón ni más pronta la mano en servir a la boca, que lo es el trono de Dinamarca para con tu padre. En fin, ¿qué pretendes?

LAERTES.- Respetable Soberano, solicito la gracia de vuestro permiso para volver a Francia. De allí he venido voluntariamente a Dinamarca a manifestaros mi leal afecto, con motivo de vuestra coronación; pero ya cumplida esta deuda, fuerza es confesaros que mis ideas y mi inclinación me llaman de nuevo a aquel país, y espero de vuestra mucha bondad esta licencia.

CLAUDIO.- ¿Has obtenido ya la de tu padre? ¿Qué dices Polonio?

POLONIO.- A fuerza de importunaciones ha logrado arrancar mi tardío consentimiento. Al verle tan inclinado, firmé últimamente la licencia de que se vaya, aunque a pesar mío; y os ruego, señor, que se la concedáis.

CLAUDIO.- Elige el tiempo que te parezca más oportuno para salir, y haz cuanto gustes y sea más conducente a tu felicidad. Y tú, Hamlet, ¡mi deudo, mi hijo!

HAMLET.- Algo más que deudo, y menos que amigo

CLAUDIO.- ¿Qué sombras de tristeza te cubren siempre?

HAMLET.- Al contrario, señor, estoy demasiado a la luz

GERTRUDIS.- Mi buen Hamlet, no así tu semblante manifieste aflicción; véase en él que eres amigo de Dinamarca; ni siempre con abatidos párpados busques entre el polvo a tu generoso padre. Tú lo sabes, común es a todos, el que vive debe morir, pasando de la naturaleza a la eternidad.

HAMLET.- Sí señora, a todos es común.

GERTRUDIS.- Pues si lo es, ¿por qué aparentas tan particular sentimiento?

HAMLET.- ¿Aparentar? No señora, yo no sé aparentar. Ni el color negro de este manto, ni el traje acostumbrado en solemnes lutos, ni los interrumpidos sollozos, ni en los ojos un abundante río, ni la dolorida expresión del semblante, junto con las fórmulas, los ademanes, las exterioridades de sentimiento; bastarán por sí solos, mi querida madre, a manifestar el verdadero afecto que me ocupa el ánimo. Estos signos aparentan, es verdad; pero son acciones que un hombre puede fingir... Aquí, aquí dentro tengo lo que es más que apariencia, lo restante no es otra cosa que atavíos y adornos del dolor. [...]

Hamlet

William Shakespeare

Edipo Rey

Personajes:

  • Edipo
  • Sacerdote
  • Creonte
  • Coro de Ancianos Tebanos
  • Tiresias
  • Yocasta
  • Mensajero
  • Servidor de Layo
  • Otro Mensajero

(Delante del palacio de Edipo, en Tebas. Un grupo de ancianos y de jóvenes está sentado en las gradas del altar, en actitud suplicante, portando ramas de olivo. El sacerdote de Zeus se adelanta solo hacia el palacio. Edipo sale seguido de dos ayudantes y contempla al grupo en silencio. Después les dirige la palabra. )

[...] EDIPO.- ¡Oh soberano Apolo! ¡Ojalá viniera con suerte liberadora, del mismo modo que viene con rostro radiante!

SACERDOTE.- Por lo que se puede adivinar, viene complacido. En otro caso no vendría así, con la cabeza coronada de frondosas ramas de laurel.

EDIPO.- Pronto lo sabremos, pues ya está lo suficientemente cerca para que nos escuche. ¡Oh príncipe, mi pariente, hijo de Meneceo! ¿Con qué respuesta del oráculo nos llegas?

(Entra Creonte en escena.)

CREONTE.- Con una buena. Afirmo que incluso las aflicciones, si llegan felizmente a término, todas pueden resultar bien.

EDIPO.- ¿Cuál es la respuesta? Por lo que acabas de decir, no estoy ni tranquilo ni tampoco preocupado.

CREONTE.- Si deseas oírlo estando éstos aquí cerca, estoy dispuesto a hablar y también, si lo deseas, a ir dentro.

EDIPO.- Habla ante todos, ya que por ellos sufro una aflicción mayor, incluso, que por mi propia vida.

CREONTE.- Diré las palabras que escuché de parte del dios. El soberano Febo nos ordenó, claramente, arrojar de la región una mancilla que existe en esta tierra y no mantenerla para que llegue a ser irremediable.

EDIPO.- ¿Con qué expiación? ¿Cuál es la naturaleza de la desgracia?

CREONTE.- Con el destierro o liberando un antiguo asesinato con otro, puesto que esta sangre es la que está sacudiendo la ciudad.

EDIPO.- ¿De qué hombre denuncia tal desdicha?

CREONTE.- Teníamos nosotros, señor, en otro tiempo a Layo como soberano de esta tierra, antes de que tú rigieras rectamente esta ciudad.

EDIPO.- Lo sé por haberlo oído, pero nunca lo vi

CREONTE.- Él murió y ahora nos prescribe claramente que tomemos venganza de los culpables con violencia

EDIPO.- ¿En qué país pueden estar? ¿Dónde podrá encontrarse la huella de una antigua culpa, difícil de investigar?

CREONTE.- Afirmó que en esta tierra. Lo que es buscado puede ser cogido, pero se escapa lo que pasamos por alto.

EDIPO.- ¿Se encontró Layo con esta muerte en casa, o en el campo, o en algún otro país?

CREONTE.- Tras haber marchado, según dijo, a consultar al oráculo, y una vez fuera, ya no volvió más a casa.

EDIPO.- ¿Y ningún mensajero ni compañero de viaje lo vio, de quien, informándose, pudiera sacarse alguna ventaja?

CREONTE.- Murieron, excepto uno, que huyó despavorido y sólo una cosa pudo decir con seguridad de lo que vio.

EDIPO.- ¿Cuál? Porque una sola podría proporcionarnos el conocimiento de muchas, si consiguiéramos un pequeño principio de esperanza.

CREONTE.- Decía que unos ladrones con los que se tropezaron le dieron muerte, no con el rigor de una sola mano, sino de muchas.

EDIPO.- ¿Cómo habría llegado el ladrón a semejante audacia, si no se hubiera proyectado desde aquí con dinero?

CREONTE.- Eso era lo que se creía. Pero, después que murió Layo, nadie surgía como su vengador en mediode las desgracias.

EDIPO.- ¿Qué tipo de desgracia se presentó que impedía, caída así la soberanía, averiguarlo?

CREONTE.- La Esfinge, de enigmáticos cantos, nos determinaba a atender a lo que nos estaba saliendo al paso, dejando de lado lo que no teníamos a la vista. [...]
Sófocles
Edipo Rey


Sófocles